Wednesday 17th September 2014,
Revista Educación

Los profesores-as y la calidad de la Educación en Chile

admin November 4, 2011 2 Comments


Eduardo González

Profesor de Historia

 

     Desde un tiempo a esta parte, se ha puesto en el debate nacional la discusión sobre la calidad de la educación. Por si mismo el tema es relevante y convoca a padres, alumnos, profesores y autoridades, es decir, al país en su conjunto. A pesar de la transversalidad del tema,  las opiniones sobre el han sido hábilmente monopolizadas por nuestras autoridades, para quienes la mala calidad de la educación se explicaría esencialmente por la deficiente administración de las escuelas y, por sobre todo, por la existencia de profesores que carecen de las competencias básicas para ejercer la docencia. Para demostrar este planteamiento se citan los resultados de la evaluación docente y de la prueba inicia.

     En consecuencia, si se quiere mejorar la calidad de la educación, nos dicen, se debe perfeccionar la formación inicial y despedir a los malos profesores. Esto último se conseguiría a través de mayores evaluaciones ligadas a la desvinculación, cuestión que implica modificar el Estatuto Docente, que haría casi imposible, sostienen, el despido de profesores. Este ha sido, el objetivo de la ley 20.501 aprobada el 26 de febrero de 2011.

     Es relevante consignar que todo este proceso se ha acompañado de una campaña, nunca antes vista en la historia de Chile, de sistemático desprestigio hacia los profesionales de la educación; campaña que tiene como  meta situar a la opinión pública en contra del profesorado. El gobierno, en aras de lograr sus objetivos políticos, no ha escatimado en nada. Y, en efecto, a alcanzado sus fines; pero a costa de un daño irreparable para la educación chilena. Si hoy existe una crisis de autoridad del profesorado, expresada incluso en violencia física hacia profesores por parte de estudiantes y apoderados,  no es casual. Nuestras autoridades, de una u otra manera, han preparado este clima de descrédito y denostación hacia los maestros.

     En este contexto es legítimo preguntarse si es verdad que la calidad de la educación depende básicamente de los profesores. Si creemos que el proceso de aprendizaje se reduce a una ‘cajita mágica’ llamada aula, en la cual operan dos factores aislados: profesor y estudiante, la respuesta es sí. Pero la realidad y la fuerza de los hechos, es más fuerte que este reduccionismo.

     El aprendizaje y sus resultados, están fuertemente condicionados por el contexto socio-económico y cultural en el cual se insertan los estudiantes y la escuela. El profesor es un actor relevante e insustituible, nadie podría afirmar lo contrario (y nunca ha pretendido esquivar su responsabilidad) pero de ahí a sostener que de él, por sí solo, depende la calidad de la educación, es una afirmación carente de todo realismo que interesadamente oculta la responsabilidad social y del Estado en la educación chilena.

     Según el estudio del Centro de Investigación en Estructura Social (CIES) de la Universidad de Chile, es un error la creencia de que la calidad de la enseñanza tiene que ver con el tipo de establecimiento educacional (es decir, municipal o particular subvencionado), por el contrario, la calidad de la educación está vinculada, como afirma el estudio, al nivel socioeconómico de los estudiantes. ¿Qué significa esto? Es la confirmación de lo que cientos de chilenos sienten y viven día a día: que en nuestro país hay una educación para ricos y otra para pobres. Los primeros, asisten a colegios particulares pagados, cancelan mensualidades cercanas a los $200.000 (¡más que un salario mínimo!) cuentan con infraestructura adecuada (salones, gimnasio, etc) tecnología, talleres de idioma, textos escolares propios, viven en lugares que no presentan problemas en el transporte y al no vivir hacinados cuentan con espacios apropiados para estudiar en sus casas (con internet y bibliotecas etc). A esto se agrega que, en promedio, los padres de estos niños, cuentan con 18 años de escolaridad y tienen un sueldo de un millón y medio. Contrariamente, la mayoría de nuestros niños no cuentan con espacios habilitados para su estudio y sus padres en vez de recibir un millón y medio mensual, con suerte, lo reciben en un año.

    La conclusión es clara; los niños antes de ingresar a las salas de clases, traen consigo abismantes desigualdades derivadas de su contexto económico, social y cultural. Sobre esta cruda realidad deben desarrollar su trabajo los profesores-as de nuestro país.

     Ahora bien, ¿en qué condiciones laborales los docentes enfrentan estos desafíos?

    Hoy en día, el grueso de los profesores se encuentra en precarias condiciones de trabajo. Existe un gran porcentaje sin contrato indefinido. Asimismo, sus jornadas de trabajo son extremas;  ejercen labores en aula aproximadamente el 75 y 80% de su tiempo, mientras que la diferencia es destinada para atención de apoderados y consejos de profesores. El tiempo para planificar las clases, las evaluaciones, corregir pruebas etc., prácticamente no existe. En estas condiciones difícilmente se les puede exigir creatividad  e innovación puesto que no hay tiempo para ello. Existen estudios que afirman que un 40%  del tiempo libre de los profesores  es destinado a  actividades relacionadas con la escuela. Mientras muchos chilenos duermen o descansan, un profesor-a, revisa pruebas y planifica clases para sus hijos. En países como Japón los profesores destinan el 23% de su tiempo a trabajo en aula. En España el 38%. En Portugal el 35%. Todo el tiempo restante es destinado a labores de planificación y preparación de material de estudio. Los profesores en Chile han demandado un 60% en aula, para avanzar gradualmente al 50 y 50.

     Junto a lo anterior, cabe agregar que los maestros-as se deben enfrentar a salas compuestas, en promedio, de 40 a 45 alumnos. Los países con buenos estándares de calidad llegan a contar con un promedio de 20 alumnos por aula. Por si esto fuera poco, recordemos que los profesores reciben un salario 40% menor que cualquier otro profesional con la misma cantidad de años de estudios.

Volvamos sobre nuestra pregunta: ¿son los profesores los culpables de la mala calidad de la educación en Chile? ¿Es razonable otorgar mayores exigencias a los profesores-as si no cuentan con las condiciones laborales mínimas que les permitan desplegar a plenitud su ejercicio docente? Cuando los profesores-as en Chile luchan por sus derechos no lo hacen única y exclusivamente por mejoras salariales, lo hacen, al mismo tiempo, por amor a la pedagogía, a la enseñanza, porque anhelan,  desde lo más profundo, que sus alumnos aprendan.

     El gobierno ha insistido en separar estos puntos. Para él, una cosa son las luchas salariales, gremiales del magisterio y algo distinto la calidad de la educación. Una vez más se equivoca, ambos elementos van unidos y son indisolubles.

     Mientras no se mejoren las condiciones laborales de los docentes (estabilidad laboral, contratos, horas de trabajo y salario) difícilmente se avanzará en la calidad de la educación en Chile.

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Comments

2 Comments

  1. Patricio Rivas Roldán December 16, 2011 at 4:19 pm

    Maestro: Los educadores formales, los naturales, la inmensa mayoría del país está prisionera de un sistema que nos ha des.humanizado y puesto a combatirnos unos con otros. Alcanzar ese grado de comprensión es URGENTE. La campaña de descrédito debe ser combatida, con información, conocimiento. Las familia tampoco somos culpables por “desatender” nuestros hijos, depositarlos en las escuelas…etc La tarea debe empezar donde debe terminar: el aula.
    Felicitaciones …fuerza

  2. ICONOCLASTA January 26, 2013 at 4:04 am

    Interesante diagnóstico. Antes de dar mi personal opinión, quiero compartir con ustedes una columna que rescaté de http://www.elquintopoder.cl y cuyo autor es Iván Salinas, a quien no conozco pero felicito por su brutal sarcasmo e ironía.

    Usted, dígalo bien: Los profesores tienen la culpa

    por Ivan Salinas 11 de mayo, 2012

    Si. Dígalo fuerte y claro. Siga la corriente global de Occidente y écheles la culpa a las y los profesores. No se preocupe de los políticos, los académicos o los empresarios. Ellos sólo buscan el bien del país. Todo lo demás, lo malo que le ocurre a la sociedad, es culpa de la mala educación de nuestros hijos y de nosotros mismos. Y todo eso es culpa de las y los profesores.

    No importa lo que haya ocurrido. Si su hijo o hija peleó en la escuela: culpe al docente. Si su hijo o hija llegó llorando, la profesora tiene la culpa. Si a los niños les fue mal en el SIMCE, los profesores son de mala calidad y hay que despedirlos. Si unos imbéciles patean a alguien hasta matarlo sólo por ser gay, es culpa de la educación, y por tanto, culpa de los profesores. Si de repente, una organización internacional paga por desarrollar mediciones estandarizadas, y le dicen que su país está “atrasado” en ciencias, matemáticas y lenguaje, usted dígalo bien: los profesores tienen la culpa. Si a alguien desde la oficina de un ministerio se le ocurre armar una prueba que nadie conoce para ver cómo andan los egresados de pedagogía, y ve que todo está mal, adivine… los profesores tienen la culpa.

    Y como los profesores tienen la culpa, hay que castigarlos. Partamos con precarizar su profesión. Instalémosles más y más pruebas estandarizadas para “medir” lo que los empresarios quieren y lo que los bancos mundiales pregonan con sus bolas mágicas futuristas. Privaticémosles sus lugares de trabajo, para que puedan ser despedidos si sus estudiantes no hacen lo que los empresarios y políticos quieren. Eliminemos sus redes de trabajo y colaboración mediante el ataque y desprestigio constante a sus organizaciones colegiadas. Paguémosles por el mérito de seleccionar a sus estudiantes y no por el mérito de su pedagogía. Pongamos directores tecnócratas que puedan despedirlos a diestra y siniestra de sus trabajos. Hagamos que los culpables de todos los males de la educación en la sociedad estén preocupados más de conservar sus trabajos, pagar sus deudas y cualquier otra preocupación mundana, como todos nosotros tenemos, antes que preocuparse de que los niños y niñas del país aprendan lo que esperamos que aprendan. Castiguémosles, porque las y los profesores son unos privilegiados, que sólo se preocupan de su propio bienestar y no del progreso del país.

    Los invito a hacer que las preocupaciones por la calidad de la educación sean simplemente cambiar a los profesores por otros “mejores” que puedan subir tal o cual desempeño en tal o cual prueba estandarizada.

    Los invito a mirar la educación y su calidad con el simplismo de la lógica lineal de los tecnócratas. Porque evidentemente no hay problemas en el trabajo que sean culpa de la codicia empresarial. No hay evidentemente problemas en la segregación social, económica y territorial que vive el país que sean responsabilidad de la legislación impuesta por los políticos.

    Y por supuesto, todos esos problemas sociales se olvidan cuando los niños entran obligados a las escuelas y salas de clases. Ahí todo es neutro, y por lo tanto, la o el profesor es quien manda y causa los problemas. No hay problemas sociales que no sean causados por políticos o empresarios. Ellos lo hacen muy bien aunque no les entendamos. Lo estamos pasando muy bien en Chile. Todo el que lo esté pasando mal, ya sabe: culpe a las y los profesores.

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